Una hilera de niños uniformados camina al son hacia un precipicio por donde van cayendo uno a uno. Llevan caretas que les tapan la cara. Esta imagen del videoclip de Another brick in the wall, himno del rock de la banda británica Pink Floyd, es una fuerte crítica al modelo de educación tradicional que deshumaniza a los estudiantes y los trata como meros números, como ladrillos de un muro. Un sistema en el que no se tienen en cuenta las individualidades de los alumnos, como por ejemplo las neurodivergencias.
Por suerte, la situación hoy en día es muy distinta. Hay varios motivos para este cambio, pero uno que ha sido crucial es la incorporación de las nuevas tecnologías en las aulas. ¿Por qué? Por las ventajas que ofrece la conocida como tecnología adaptativa o asistiva. ¿Qué es esto? Me gusta mucho cómo lo describe la doctora Samantha Chen, investigadora de este campo.
“La tecnología asistiva es el puente que conecta las habilidades únicas de las personas neurodivergentes con un mundo diseñado principalmente para mentes neurotípicas”.[1]
La informática permite abandonar el modelo educativo rígido en el que se enseñaba de una forma muy concreta y aquel estudiante que no fuera capaz de adecuarse a ella era considerado un fracaso. Actualmente, la educación es mucho más abierta y diversa, pudiendo adaptarse a las distintas formas de pensar y aprender que tiene cada alumno. Es como pasar de obligar a todo el mundo a llevar el mismo uniforme todos los días a que cada uno pueda llevar la ropa con la que más cómodo esté según las circunstancias. No es lo mismo ir a escalar una montaña que ir a bañarse a la playa. No aprende igual una persona autista que una con dislexia o TDAH.
¿Cómo se puede personalizar la educación para adecuarla más a estos alumnos? Por ejemplo, una aplicación que convierta el texto escrito en un documento a un audiolibro ayuda mucho al estudiante con dislexia, ya que la información le llega con mayor facilidad. Para un estudiante con TDAH, un programa que convierta las tareas de matemáticas en juegos interactivos hace que aprender ese tema sea más estimulante y tenga mayor facilidad para estar inmerso en la lección.[2]
Sin embargo, hay que controlar el uso de estas herramientas, ya que por ejemplo a ese alumno con TDAH puede resultarle complicado pasar de esos juegos matemáticos a otras tareas menos estimulantes pero necesarias también. Para sacarle el mayor provecho a estas tecnologías hay estrategias que resultan muy útiles como definir un horario para su uso y que los alumnos sean conscientes de ello. También ayuda crear una “estación tecnológica”, un lugar físico donde los alumnos tienen acceso a estos aparatos, y limitar así el uso fuera de este sitio.[3]
Algo que puede complicar la implementación de estas tecnologías en los colegios e institutos es que muchos profesores no tienen los conocimientos necesarios sobre estos nuevos sistemas.[4] Hay cursos diseñados para preparar a los educadores a la nueva forma de enseñar, al igual que cada vez están más formados en los distintos tipos de neurodivergencias.
En cualquier caso, siempre es beneficioso contar con expertos en la materia, como el equipo de Tecnisolutions, que puedan asesorar a las escuelas en la implementación y gestión de estas tecnologías. Para que cada alumno pueda tener la educación personalizada que necesita y merece, atendiendo a la diversidad de las mentes de cada niño. Para que puedan desarrollarse individualmente y alcanzar su máximo potencial. Para no ser, como decía Pink Floyd, “un ladrillo más en el muro”.
[3]
https://thelearningcounsel.com/articles/creating-tech-friendly-classrooms-for-neurodivergent-students/